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Carlos David Acosta es un experimentado trabajador de la carne con más de dos décadas de trayectoria en la actividad. Pasó por Carcarañá y Nutriti, y hoy es empleado de la Empresa Rafaela Alimentos, desde hace 21 años.

Su historia en el mundo de la carne es similar a la de los miles de compañeros de todos los puntos del país: el sentido de pertenencia y el compromiso con la familia cárnica es una constante en cada relato.

Para él, el trabajo es vital para su vida y la de familia, y así lo vive y lo transmite. La planta de la empresa es su segunda casa, y sus compañeros, su segunda familia.

Los primeros días en Rafaela Alimentos fueron difíciles. Los roles no estaban claros y Carlos junto a sus compañeros realizaban tareas generales como cortar yuyos, picar escombros o pintar la reja y corrales, además de la faena de unos 160 animales por día.

“Fue época muy difícil pero se pudo remontar, y gracias a Dios tenemos un muy buen gremio que nos dio una mano muy grande, en ese sentido nadie puede decir que el gremio no nos dio una gran mano”, relata el compañero al reflejar la intervención de nuestro sindicato en la defensa de las condiciones laborales.

En ese sentido, agradece y destaca la presencia de nuestra organización y la obra social. “Cuando lo necesitamos el sindicato siempre está, como la mutual que te ayuda y está presente si necesitás alguna operación, ellos directamente te dicen que te van a dar una mano”.

“Yo tuve problemas con mi señora que fue una operación fea y difícil, y el sindicato nos acompañó. Salió 75 mil pesos. El sindicato a nosotros nunca nos deja en banda, si nosotros necesitamos algo, un muchacho que necesita algo, el sindicato siempre está”, asegura.

Sobre la obra social, Carlos sostiene que “no nos podemos quejar porque directamente vos vas al sindicato pedís la orden y ellos no tienen problema y te dan la orden. La orden social es expeditiva, no nos podemos quejar, el que se queja, se queja de lleno”.

Hoy la situación económica del compañero es la misma que la de millones de argentinos. La devaluación y la inflación afectaron la vida diaria de todas las familias. Por eso, nos dice que “nosotros estamos bien y mal a la vez”.

“En el tema de trabajo y de laburo nosotros la podemos vivir, la podemos contar, podemos sobrevivir porque podemos comprar una mercadería, acá la carne del fin de semana la tenemos, todos los fin de semana, todos los viernes tenemos un pedido de carne. Y el laburo mejor dicho lo tenemos: los días 20 cobramos un adelanto de 2 mil pesos y a fin de mes ya tenemos el sueldo nuestro, y antes del adelanto que te hablaba se les va pagando el salario y la gente más o menos se va sosteniendo en ese sentido”.

El sindicato mismo abrió una cuota mutual que es para ayudar a los compañeros de trabajo, como yo, como todos, que tienen 2.500 pesos de mercadería que le da una mano que compren; abrió también un lugar para comprar cosas de bicicletas en una bicicletería, le da la orden para que compren la garrafa, en todo momento lo está aguantando y ayudando, no nos podemos quejar, porque si nos quejamos, nos quejamos de lleno”.